La Atlántida
(también llamada Atlantis debido al mitológico rey Atlante, Άτλας) fue un país mítico,
cuya primera referencia se remonta a textos del filósofo griego Platón, ubicado en una isla (o quizá península
o delta de un gran río,
del griego nēsos,νησος)
En griego se le
llamaba Atlantis Nēsos (Ατλαντίς νησος)
y en latín Atlantis Insula.
Fragmentos
íntegros de los Diálogos de Platón,(Atenas, 427-347 a.c.) Timeo y Critias
(escritos alrededor del 350 a.C), donde podemos encontrar las referencias a la
Atlántida en las conversaciones que Platón creó entre Sócrates y sus
estudiantes Timeo, Hermócrates, Critias...).
Fragmento del Texto
TIMEO de Platón referido a la Atlántida
Al principio del
Diálogo, Sócrates menciona la discusión del día anterior sobre la sociedad
"perfecta", (Platón hace aquí referencia a su obra "La
República", escrita unos años antes). Sócrates, ante las discusiones
hipotéticas de sus estudiantes, les propone una tarea: ejemplificar la
perfección de una sociedad que vive de acuerdo con los preceptos expuestos en
"La República" y que entabla una guerra justa.
Critias responde
diligentemente a la sugerencia del maestro e inicia su explicación:
CRI.-- Escucha,
entonces, Sócrates, un relato muy extraño, pero absolutamente verdadero, tal
como en una ocasión lo relataba Solón, el más sabio de los siete, que era
pariente y muy amigo de mi bisabuelo Drópida, como él mismo afirma en muchos
pasajes de su obra poética. Le contó a Critias, nuestro abuelo, que de viejo
nos lo relataba a nosotros, que grandes y admirables hazañas antiguas de esta
ciudad habían desaparecido a causa del tiempo transcurrido y la destrucción de
sus habitantes, y, de todas, una, la más extraordinaria, convendría que ahora a
través del recuerdo te la ofreciéramos como presente, para elevar al mismo
tiempo loas a la diosa con justicia y verdad en el día de su fiesta nacional,
como si le cantáramos un himno.SÓC.-- Bien dices. Pero, por cierto, ¿no
explicaba Critias cuál era esta hazaña que, según la historia de Solón, no era
una mera fábula, sino que esta ciudad la realizó efectivamente en tiempos
remotos?CRI.--Te la diré, aunque escuchada como un relato antiguo de un hombre
no precisamente joven. Pues entonces Critias, así decía, tenía ya casi noventa
años y yo, a lo sumo diez. Era, casualmente, la Kureotis, el tercer día de los
Apaturia. A los muchachos les sucedió lo que es siempre habitual en esa fiesta y
lo era también entonces. Nuestros padres hicieron certámenes de recitación. Se
declamaron poemas de muchos poetas y, como en aquella época los de Solón eran
recientes, muchos niños los cantamos. Uno de los miembros de la fratría, sea
que lo creía realmente o por hacerle un cumplido a Critias, dijo que si bien
Solón le parecía muy sabio en todos los otros campos, en la poesía lo tenía por
el más libre de todos los poetas. El anciano, entonces --me acuerdo con gran
claridad-- se puso muy contento y sonriendo dijo: "¡Ay Aminandro!, ¡ojalá
la poesía no hubiera sido para él una actividad secundaria! Si se hubiera
esforzado como los otros y hubiera terminado el argumento que trajo de Egipto
y, si, al llegar aquí, las contiendas civiles y otros males no lo hubieran
obligado a descuidar todo lo que descubrió allí, ni Hesíodo ni Homero, en mi
opinión, ni ningún otro poeta jamás habría llegado a tener una fama mayor que
la suya". "¿Qué historia era, Critias?", preguntó el otro.
"La historia de la hazaña más importante y, con justicia, la más
renombrada de todas las realizadas por nuestra ciudad, pero que no llegó hasta
nosotros por el tiempo transcurrido y por la desaparición de los que la
llevaron a cabo", dijo el anciano. "Cuenta desde el comienzo",
exclamó el otro, "qué decía Solón, y cómo y de quiénes la había escuchado
como algo verdadero"."En Egipto", comenzó Critias, "donde
la corriente del Nilo se divide en dos en el extremo inferior del Delta, hay
una región llamada Saítica, cuya ciudad más importante, Sais --de donde, por
cierto, también era el rey Amasis--, tiene por patrona una diosa cuyo nombre en
egipcio es Neith y en griego, según la versión de aquellos, Atenea. Afirman que
aprecian mucho a Atenas y sostienen que en cierta forma están emparentados con
los de esta ciudad. Solón contaba que cuando llegó allí recibió de ellos muchos
honores y que, al consultar sobre las antigüedades a los sacerdotes que más
conocían el tema, descubrió que ni él mismo ni ningún otro griego sabía, por
decir así, prácticamente nada acerca de esos asuntos. En una ocasión, para
entablar conversación con ellos sobre esto, se puso a contar los hechos más
antiguos de esta ciudad, la historia de Foroneo, del que se dice que es el
primer hombre, y de Níobe y narró cómo Deucalión y Pirras sobrevivieron después
del diluvio e hizo la genealogía de sus descendientes y quiso calcular el
tiempo transcurrido desde entonces recordando cuántos años había vivido cada
uno. En ese instante, un sacerdote muy anciano exclamó: '¡Ay!, Solón, Solón, ¡los
griegos seréis siempre niños!, ¡no existe el griego viejo!' Al escuchar esto,
Solón le preguntó: '¿Por qué lo dices? 'Todos', replicó aquél, 'tenéis almas de
jóvenes, sin creencias antiguas transmitidas por una larga tradición y carecéis
de conocimientos encanecidos por el tiempo. Esto se debe a que tuvieron y
tendrán lugar muchas destrucciones de hombres, las más grandes por fuego y
agua, pero también otras menores provocadas por otras innumerables causas.
Tomemos un ejemplo, lo que se cuenta entre vosotros de que una vez Faetón, el
hijo del Sol montó en el carro de su padre y, por no ser capaz de marchar por
el sendero paterno, quemó lo que estaba sobre la tierra y murió alcanzado por
un rayo. La historia, aunque relatada como una leyenda, se refiere, en realidad,
a una desviación de los cuerpos que en el cielo giran alrededor de la tierra y
a la destrucción, a grandes intervalos, de lo que cubre la superficie terrestre
por un gran fuego. Entonces, el número de habitantes de las montañas y de
lugares altos y secos que muere es mayor que el de los que viven cerca de los
ríos y el mar. El Nilo, salvador nuestro en otras ocasiones, también nos salva
entonces de esa desgracia. Pero cuando los dioses purifican la tierra con aguas
y la inundan, se salvan los habitantes de las montañas, pastores de bueyes y
cabras, y los que viven en vuestras ciudades son arrastrados al mar por los
ríos. En esta región, ni entonces ni nunca fluye el agua de arriba sobre los
campos, sino que, por el contrario, es natural que suba, en su totalidad, desde
el interior de la tierra.
Por ello se dice
que lo que aquí se conserva es lo más antiguo. En realidad, sin embargo, en
todas las regiones en las que no se da un invierno riguroso y un calor extremo,
la raza humana, en mayor o menor número, está siempre presente. Desde antiguo
registramos y conservamos en nuestros templos todo aquello que llega a nuestros
oídos acerca de lo que pasa entre vosotros, aquí o en cualquier otro lugar, si
sucedió algo bello, importante o con otra peculiaridad. Contrariamente, siempre
que vosotros, o los demás, os acabáis de proveer de escritura y de todo lo que
necesita una ciudad, después del período habitual de años, os vuelve a caer,
como una enfermedad, un torrente celestial que deja sólo a los iletrados e
incultos, de modo que nacéis de nuevo, como niños, desde el principio, sin
saber nada ni de nuestra ciudad ni de lo que ha sucedido entre vosotros durante
las épocas antiguas. Por ejemplo, Solón, las genealogías de los vuestros que
acabas de exponer poco se diferencian de los cuentos de niños, porque, primero,
recordáis un diluvio sobre la tierra, mientras que antes de él habían sucedido
muchos y, en segundo lugar, no sabéis ya que la raza mejor y más bella de entre
los hombres nació en vuestra región, de la que tú y toda la ciudad vuestra
descendéis ahora, al quedar una vez un poco de simiente. Lo habéis olvidado
porque los que sobrevivieron ignoraron la escritura durante muchas
generaciones. En efecto, antes de la gran destrucción por el agua, la que es ahora
la ciudad de los atenienses era la mejor en la guerra y la más absolutamente
obediente de las leyes. Cuentan que tuvieron lugar las hazañas más hermosas y
que se dio la mejor organización política de todas cuantas hemos recibido
noticia bajo el cielo.' Solón solía decir que al escucharlo se sorprendió y
tuvo muchas ganas de conocer más, de modo que pidió que le contara con
exactitud todo lo que los sacerdotes conservaban de los antiguos atenienses. El
sacerdote replicó: 'Sin ninguna reticencia, oh Solón, lo contaré por ti y por
vuestra ciudad, pero sobre todo por la diosa a la que tocó en suerte vuestra
patria y también la nuestra y las crió y educó, primero aquélla, mil años
antes, después de recibir simiente de Gea y Hefesto, y, más tarde, ésta. Los escritos
sagrados establecen la cantidad de ocho mil años para el orden imperante entre
nosotros. Ahora, te haré un resumen de las leyes de los ciudadanos de hace
nueve mil años y de la hazaña más heroica que realizaron. Más tarde, tomaremos
con tranquilidad los escritos mismos y discurriremos en detalle y ordenadamente
acerca de todo. En cuanto a las leyes, observa las nuestras, pues descubrirás
ahora aquí muchos ejemplos de las que existían entonces entre vosotros. En
primer lugar, el que la casta de los sacerdotes esté separada de las otras;
después, lo de los artesanos, el que cada oficio trabaje individualmente sin
mezclarse con el otro, ni tampoco los pastores, los cazadores ni los
agricultores. En particular, supongo que habrás notado que aquí el estamento de
los guerreros se encuentra separado de los restantes y que sólo tiene las
ocupaciones guerreras que la ley le ordena. Además, la manera en que se arman
con escudos y espadas, que fuimos los primeros en utilizar en Asia tal como la
diosa los dio a conocer por primera vez en aquellas regiones entre vosotros.
También, ves, creo, cuánto se preocupó nuestra ley desde sus inicios por la
sabiduría pues, tras descubrirlo todo acerca del universo, incluidas la
adivinación y la medicina, lo trasladó de estos seres divinos al ámbito humano
para salud de éste y adquirió el resto de los conocimientos que están
relacionados con ellos. En aquel tiempo, pues, la diosa os impuso a vosotros en
primer lugar todo este orden y disposición y fundó vuestra ciudad después de
elegir la región en que nacisteis porque vio que la buena mezcla de estaciones
que se daba en ella podría llegar a producir los hombres más prudentes. Como es
amiga de la guerra y de la sabiduría, eligió primero el sitio que daría los
hombres más adecuados a ella y lo pobló. Vivíais, pues, bajo estas leyes y, lo
que es más importante aún, las respetabais y superabais en virtud a todos los
hombres, como es lógico, ya que erais hijos y alumnos de dioses. Admiramos
muchas y grandes hazañas de vuestra ciudad registradas aquí, pero una de entre
todas se destaca por importancia y excelencia. En efecto, nuestros escritos
refieren cómo vuestra ciudad detuvo en una ocasión la marcha insolente de un
gran imperio, que avanzaba del exterior, desde el Océano Atlántico, sobre toda
Europa y Asia. En aquella época, se podía atravesar aquel océano dado que había
una isla delante de la desembocadura que vosotros, así decís, llamáis columnas
de Heracles. Esta isla era mayor que Libia y Asia juntas y de ella los de
entonces podían pasar a las otras islas y de las islas a toda la tierra firme
que se encontraba frente a ellas y rodeaba el océano auténtico, puesto que lo
que quedaba dentro de la desembocadura que mencionamos parecía una bahía con un
ingreso estrecho. En realidad, era mar y la región que lo rodeaba totalmente
podría ser llamada con absoluta corrección tierra firme. En dicha isla,
Atlántida, había surgido una confederación de reyes grande y maravillosa que
gobernaba sobre ella y muchas otras islas, así como partes de la tierra firme.
En este continente, dominaban también los pueblos de Libia, hasta Egipto, y
Europa hasta Tirrenia. Toda esta potencia unida intentó una vez esclavizar en
un ataque a toda vuestra región, la nuestra y el interior de la desembocadura.
Entonces, Solón, el poderío de vuestra ciudad se hizo famoso entre todos los
hombres por su excelencia y fuerza, pues superó a todos en valentía y en artes
guerreras, condujo en un momento de la lucha a los griegos, luego se vio
obligada a combatir sola cuando los otros se separaron, corrió los peligros más
extremos y dominó a los que nos atacaban. Alcanzó así una gran victoria e
impidió que los que todavía no habían sido esclavizados lo fueran y al resto,
cuantos habitábamos más acá de los confines heráclidas, nos liberó
generosamente. Posteriormente, tras un violento terremoto y un diluvio
extraordinario, en un día y una noche terribles, la clase guerrera vuestra se
hundió toda a la vez bajo la tierra y la isla de Atlántida desapareció de la
misma manera, hundiéndose en el mar. Por ello, aún ahora el océano es allí
intransitable e inescrutable, porque lo impide la arcilla que produjo la isla
asentada en ese lugar y que se encuentra a muy poca profundidad".
Fragmento del
CRITIAS de Platón, referido a la Atlántida.
En esta obra,
inacabada, Critias habla con Sócrates, retomando el tema de la sociedad ideal
de la Atlántida, aportando una descripción de ella:
CRIT. --Tal como
dije antes acerca del sorteo de los dioses -que se distribuyeron toda la
tierra, aquí en parcelas mayores, allí en menores e instauraron templos y
sacrificios para sí-, cuando a Posidón le tocó en suerte la isla de Atlántida
la pobló con sus descendientes, nacidos de una mujer mortal en un lugar de las
siguientes características. El centro de la isla estaba ocupado por una llanura
en dirección al mar, de la que se dice que era la más bella de todas, y de
buena calidad, y en cuyo centro, a su vez, había una montaña baja por todas
partes, que distaba unos cincuenta estadios del mar. En dicha montaña habitaba
uno de los hombres que en esa región habían nacido de la tierra, Evenor de
nombre, que convivía con su mujer Leucipe. Tuvieron una única hija, Clito,
cuando la muchacha alcanza la edad de tener un marido, mueren su padre y su
madre. Posidón la desea y se une a ella, y, para defender bien la colina en la
que habitaba, la aísla por medio de anillos alternos de tierra y mar de mayor y
menos dimensión: dos de tierra y tres de mar en total, cavados a partir del
centro de la isla, todas a la misma distancia por todas partes, de modo que la
colina fuera inaccesible a los hombres. Entonces todavía no había barcos ni
navegación. Él mismo, puesto que era un Dios, ordenó fácilmente la isla que se
encontraba en el centro: hizo subir dos fuentes de aguas subterráneas a la
superficie -una fluía caliente del manantial y la otra fría- e hizo surgir de
la tierra alimentación variada y suficiente. Engendró y crió cinco generaciones
de gemelos varones, y dividió toda la isla de Atlántida en diez partes, y
entregó la casa materna y la parte que estaba alrededor, la mayor y mejor, al
primogénito de los mayores y lo nombró rey de los otros. A los otros los hizo
gobernantes y encargó a cada uno el gobierno de muchos hombres y una región de
grandes dimensiones. A todos les dio nombres: el mayor y rey, aquel del cual la
isla y todo el océano llamado Atlántico tienen un nombre derivado; porque el
primero que reinaba entonces llevaba el nombre de Atlante. Al gemelo que nació
después de él, al que tocó en suerte la parte externa de la isla, desde las
columnas de Heracles hasta la zona denominada ahora en aquel lugar Gadirica, le
dio en griego el nombre de Eumelo, pero en la lengua de la región, Gadiro. Su
nombre fue probablemente el origen del de esa región. A uno de los que nacieron
en segundo lugar lo llamó Anferes, al otro, Evemo. Al que nació primero de los
terceros le puso el nombre de Mneseo y al segundo, Autóctono. Al primero del
cuarto par le dio el nombre de Elasipo, y el de Méstor al posterior. Al mayor
del quinto par de gemelos le puso el nombre de Azaes y al segundo, el de
Diáprepes. Todos estos y sus descendientes vivieron allí durante muchas
generaciones y gobernaron muchas otras islas en el océano y también dominaron
las regiones interiores hacia aquí, como ya se dijo antes, hasta Egipto y
Etruria. La estirpe de Atlas llega a ser numerosa y distinguida. El rey más
anciano transmitía siempre al mayor de sus descendientes la monarquía, y la
conservaron a lo largo de muchas generaciones. Poseían tan gran cantidad de riquezas
como no tuvo nunca antes una dinastía de reyes ni es fácil que llegue a tener
en el futuro y estaban provistos de todo de lo que era necesario proveerse en
la ciudad y en el resto del país. En efecto, aunque importaban mucho del
exterior a causa de su imperio, la mayoría de las cosas necesarias para vivir
las proporcionaba la isla. En primer lugar, todo lo que, extraído por la
minería, era sólido o fusible, y lo que ahora sólo nombramos -entonces era más
que un nombre la especie del oricalco que se extraía de la tierra en muchos
lugares de la isla, el más valioso de todos los metales entre los de entonces,
con la excepción del oro- y todo lo que proporciona el bosque para los trabajos
de los carpinteros, ya que todo lo producían de manera abundante y alimentaba,
además, suficientes animales domésticos y salvajes. En especial, la raza de los
elefantes era muy numerosa en ella. También tenía comida el resto de los
animales que se alimenta en los pantanos, lagunas y ríos y los que pacen en las
montañas y en las llanuras, para todos había en abundancia y así también para
este animal que es por naturaleza el mayor y el que más come. Además, producía
y criaba bien todo lo fragante que hoy da la tierra en cualquier lugar, raíces,
follaje, madera, y jugos, destilados, sea de flores o frutos. Pero también el
fruto cultivado, el seco, que utilizamos para alimentarnos y cuanto usamos para
comida -denominamos legumbres a todas sus clases- y todo lo que es de árboles y
nos da bebidas, comidas y aceites, y el que usamos por solaz y placer y llega a
ser difícil de almacenar, el fruto de los árboles frutales, y cuantos
presentamos como postres agradables al enfermo para estímulo de su apetito, la
isla divina que estaba entonces bajo el sol, producía todas estas cosas bellas
y admirables y en una cantidad ilimitada. Como recibían todas estas cosas de la
tierra, construyeron los templos, los palacios reales, los puertos, los
astilleros, y todo el resto de la región, disponiéndolo de la manera siguiente.
En primer lugar, levantaron puentes en los anillos de mar que rodeaban la
antigua metrópoli para abrir una vía hacia el exterior y hacia el palacio real.
Instalaron directamente desde el principio el palacio real en el edificio del
Dios y de sus progenitores y, como cada uno, al recibirlo del otro, mejoraba lo
que ya estaba bien, superaba en lo posible a lo anterior, hasta que lo hicieron
asombroso por la grandeza y belleza de las obras. A partir del mar, cavaron un
canal de trescientos pies de ancho, cien de profundidad y una extensión de
cincuenta estadios hasta el anillo exterior y allí hicieron el acceso del mar
al canal como a un puerto, abriendo una desembocadura como para que pudieran
entrar las naves más grandes. También abrieron, siguiendo la dirección de los
puentes, los círculos de tierra que separaba los de mar, lo necesario para que
los atravesara un trirremes, y cubrieron la parte superior de modo que el
pasaje estuviera debajo, pues los bordes de los anillos de tierra tenían una
altura que superaba suficientemente al mar. El anillo mayor, en el que habían
vertido el mar por medio de un canal, tenía tres estadios de ancho. El
siguiente de tierra era igual a aquel. De los segundos, el líquido tenía un
ancho de dos estadios y el seco era, otra vez, igual al líquido anterior. De un
estadio era el que corría alrededor de la isla que se encontraba en el centro.
La isla, en la que estaba el palacio real, tenía un diámetro de cinco estadios.
Rodearon ésta, las zonas circulares y el puente, que tenía una anchura de cien
pies, con una muralla de piedras y colocaron sobre los puentes, en los pasajes
del mar, torres y puertas a cada lado. Extrajeron la piedra de debajo de la
isla central y de debajo de cada una de las zonas circulares exteriores e
interiores; las piedras eran de color blanco, negro y rojo. Cuando los
extranjeros, construyeron dársenas huecas dobles en el interior, techadas con
la misma piedra. Unas casas eran simples, otras mezclaban las piedras y las
combinaban de manera variada para su solaz, haciéndolas naturalmente
placenteras. Recubrieron de hierra, al que usaban como si fuera pintura, todo
el recorrido de la muralla que circundaba el anillo exterior fundieron
casiterita sobre la muralla de la zona interior, y oricalco, que poseía unos
resplandores de fuego, sobre la que se encontraba alrededor de la Acrópolis El
palacio dentro de la Acrópolis estaba dispuesto de la siguiente manera. En el
centro, habían consagrado un templo inaccesible a Clito y Posidón, rodeado de
una valla de oro: ese era el lugar en el que al principio concibieron y
engendraron la estirpe de las diez familias reales. De las diez regiones
enviaban cada año hacia allí frutos de la estación como ofrendas para cada uno
de ellos. Había un templo de Posidón de un estadio de longitud y trescientos pies
de ancho. Su altura parecía proporcional a estas medidas, puesto que tenía una
forma algo bárbara. Recubrieron todo el exterior del templo de plata, excepto
las cúpulas, que revistieron de oro. En el interior, el techo de marfil,
entremezclado con oro, plata y oricalco, tenía una apariencia multicolor.
Revistieron las paredes, columnas y pavimento de oricalco. Dentro del templo
colocaron imágenes de oro: El dios de pie sobre un carro llevaba las riendas de
seis caballos alados y tocaba, a causa de su altura, el techo con la cabeza; lo
rodeaban cien nereidas sobre delfines -pues los de aquel entonces creían que
eran tantas. En el interior había muchas otras estatuas que eran exvotos de
particulares. Afuera, alrededor del templo, había estatuas de oro de todos, de
las mujeres y de los hombres que habían pertenecido a la familia de los diez
reyes, así como muchos otros exvotos grandes de los reyes y de particulares de
la ciudad y de todas las regiones exteriores que dominaron. Había un altar que
concordaba en su grandeza y su manufactura con esta construcción. El palacio,
igualmente, se adecuaba a la grandeza del Imperio, así como al orden alrededor
del templo. Para utilizar las fuentes de agua fría y caliente que por
naturaleza tenían una abundante cantidad de agua en sabor y calidad excelente
para el uso, construyeron alrededor edificios, hicieron plantaciones de árboles
adecuadas a las aguas, levantaron cisternas al aire libre e invernales
cubiertas para los baños calientes -aparte las reales, las públicas y las
privadas, además de otras para mujeres y otras para caballos y el resto de los
animales de tiro- y ordenaron convenientemente cada una de ellas. Dirigieron la
corriente de agua hacia el bosque sagrado de Posidón -múltiples y variados
árboles de belleza y altura sobrenatural por la calidad de la tierra- y hacia
los círculos exteriores por medio de canales que seguían la dirección de los
puentes. Habían construido en aquel lugar muchos templos para muchos dioses,
muchos jardines y muchos gimnasios, unos de hombres, otros, separados, de
caballos, en las dos islas de los anillos. Además, en el centro de la isla
mayor había un hipódromo de un estadio de ancho colocado aparte, cuya extensión
permitía que los caballos compitiesen libremente todo el perímetro. Alrededor
de este había, aquí y allí, casas de guardia para la mayoría de guardianes. La
guardia de los más fieles estaba dispuesta en el anillo más pequeño y más
cercano a la acrópolis y a los que más se distinguían en su fidelidad les
habían dado casas dentro de la acrópolis en torno a los reyes. Los astilleros
estaban llenos de trirremes y de todos los artefactos correspondientes, todo
adecuadamente preparado. Los alrededores de la casa de los reyes estaban
arreglados de la siguiente manera: cuando se atravesaban los puertos desde
afuera -que eran tres- una muralla se extendía en círculo, a partir del mar -a
cincuenta estadios por todas partes el anillo mayor y de su puerto- y se
cerraba en la desembocadura del canal en el mar. Muchas casas poblaban densamente
toda esta zona; la entrada del mar y el puerto mayor estaban llenos de barcos y
comerciantes llegados de todas partes que, por su multitud, ocasionaban
vocerío, ruido y bullicio variado de día y de noche. Ahora ya tenemos
recordados la ciudad y los alrededores de la antigua edificación, tal y como se
describieron entonces. Debemos intentar recordar el resto de la región, como
era su naturaleza y su forma en que estaba ordenado. En primer lugar, se decía
que todo el lugar era muy alto y escarpado desde el mar, pero que los
alrededores de la ciudad eran llanos, suaves y planos, circundados a su vez de
montañas que llegaban hasta el mar. Esta llanura era de forma oblonga y tenía
por un lado tres mil estadios y dos mil en el centro desde el mar hacía arriba.
Esta zona de la isla estaba de cara al viento sur, de espaldas a la
constelación de la Osa y protegida por el viento del norte. Entonces se loaba
que las montañas que la rodeaban superaban por su número, grandeza y belleza a
todas las que hay ahora y que tenían en ellas muchas ricas aldeas de vecinos,
ríos, lagos y prados que daban alimento suficiente a todos los animales,
domésticos y salvajes, bosques variados en cantidad y especie que proveían
abundantemente para todas y cada una de las obras. La naturaleza y muchos
reyes, con su largo esfuerzo, habían conformado la llanura de la siguiente
manera. En su mayor parte era un cuadrilátero rectangular, y lo que faltaba
para formarlo lo había corregido por medio de una fosa cavada a su alrededor.
Aunque la profundidad, ancho y longitud que les atribuyeron eran tan grandes,
sin contar con las otras obras, que resultaba increíble para algo hecho por las
manos del hombre, debemos decir los que escuchamos. Habían cavado una
profundidad de cien pies; el ancho era en todos lados de un estadio y, como
había sido cavada alrededor de toda la llanura, llegaba a la ciudad por ambos
lados y allí dejaba fluir el agua al mar.
Además, no
infringir intencionalmente en el futuro ninguna de las leyes escritas, ni
gobernar ni obedecer a ningún gobernante, excepto aquel que ordenara según las
leyes del padre. Una vez que cada uno de ellos hubo prometido esto de sí y de
su estirpe, bebido y dedicado la fuente como exvoto en el templo del dios y se
hubo ocupado de la comida y de las otras necesidades, cuando llegaba la
oscuridad y se había enfriado el fuego sacrificial se vestían con un bellísimo
vestido púrpura y se sentaban en el suelo junto a las ascuas del juramento
sacrificial. Durante la noche, tras apagar el fuego que se encontraba alrededor
del templo, eran juzgados y juzgaban si alguien acusaba a alguno de ellos de
haber infringido alguna ley. Cuando terminaban de juzgar, ala hacerse de día,
escribían los juicios en una tablilla de oro y la ofrendaban como recuerdo
junto con las vestimentas. Había muchas otras leyes especiales acerca de los
honores de cada uno de los reyes; lo más importante: no atacarse nunca unos a
otros y ayudarse todos en caso de que alguien intentara destruir la estirpe
real en alguna de sus ciudades, y tomar en común, como antes, las
determinaciones concernientes a la guerra y a otras actividades, bajo la
conducción de la estirpe de Atlante. Ningún rey podía matar a ninguno de su
parientes, si no contaba con la aprobación de más de la mitad de los diez.
Según el relato, tan gran potencia y de tales características existentes
entonces en aquellas zonas ordenó y envió el Dios contra nuestras tierras por
la siguiente razón. Durante muchas generaciones, mientras la naturaleza del
Dios era suficientemente fuerte, obedecían las leyes y estaban bien dispuestas
hacia lo divino emparentado con ellos. Poseían pensamientos verdaderos y
grandes en todo sentido, ya que aplicaban la suavidad junto con la prudencia a
los avatares que siempre ocurren y unos a otros, por lo que excepto la virtud,
despreciaban todo lo demás, tenían en poco las circunstancias presentes y
soportaban con facilidad, como una molestia, el peso del oro y de las otras
posiciones. No se equivocaban, embriagados por la vida licenciosa, ni perdían el
dominio de sí a causa de la riqueza, sino que, sobrios, reconocían con claridad
que todas estas cosas crecen de la amistad unida a la virtud común, pero que
con la persecución y la honra de los bienes exteriores, estos decaen y se
destruye la virtud con ellos. Sobre la base de tal razonamiento y mientras
permanecía la naturaleza divina, prosperaron todos sus bienes,que describimos
antes. Más cuando se agotó en ellos la parte divina porque se había mezclado
muchas veces con muchos mortales y predominó el carácter humano, ya no pudieron
soportar las circunstancias que los rodeaban y se pervirtieron, y al que los
podía observar les parecían desvergonzados, ya que habían destruido lo más
bello de entre lo más valioso, y los que no pudieron observare la vida verdadera
respecto de la felicidad, creían entonces que eran los más perfectos y felices,
porque estaban llenos de injusta soberbia y de poder. El Dios de Dioses Zeus,
que reina por medio de leyes puesto que puede ver tales cosas, se dio cuenta de
que una estirpe buena estaba dispuesta de manera indigna y decidió aplicarles
un castigo para que se hicieran más ordenados y alcanzaran la prudencia.
Reunió a todos
los dioses en su mansión más importante, la que, instalada en el centro del
universo, tiene vista a todo lo que participa de la generación y, tras
reunirlos, dijo…
Y aquí termia el
texto, y lo que sigue esta perdido.
La Atlantida, la
madre de todas las culturas y el legado en su mensaje en piedra.
Una humanidad que
se destruyó así misma. Producto del Fanatismo La Ignorancia y la Ambición. Los
tres enemigos de la humanidad.
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